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Comunicado de Javid Abdelmoneim, presidente internacional de MSF

“Nuestro compromiso de construir una organización donde todas las personas estén seguras”: Javid Abdelmoneim, presidente internacional de MSF 

Durante los últimos ocho años, Médicos Sin Fronteras (MSF) hemos publicado cifras anuales sobre los casos de abuso y mala conducta reportados en nuestra organización. Las cifras más recientes revelan una realidad importante a la vez que difícil. Al igual que en años anteriores, el número de denuncias ha seguido aumentando. Esto puede indicar que las personas conocen mejor nuestros mecanismos de denuncia y se sienten más seguras al dar el paso de informar, pero también pone de manifiesto la magnitud de la labor que aún queda por delante para prevenir y abordar los abusos en nuestra organización. 

Entre los casos más graves que afrontamos el año pasado se encuentran los ocurridos en el este de Chad. Las investigaciones que concluimos en junio de 2025, tras recibir alertas difundidas en los medios de comunicación, revelaron graves abusos y conductas indebidas por parte de personas que trabajaban para MSF, entre las que se incluyen casos de explotación, abuso y acoso sexual. 

Nuestra investigación contó con la participación de 16 investigadores que trabajaron durante 8 meses para examinar 59 denuncias relacionadas con empleados y otras personas —como proveedores— vinculadas a MSF. Cuando se pudo confirmar la existencia de faltas graves e identificar a los responsables, se tomaron medidas: 18 integrantes del personal fueron despedidos y vetados permanentemente para trabajar con Médicos Sin Fronteras. 

Ante todo, quiero reconocer el daño causado a los pacientes y compañeros que sufrieron abusos. Como presidente internacional de MSF, siento una profunda responsabilidad y pesar por no haber logrado garantizar la seguridad de las personas. La explotación, el abuso y el acoso sexuales son totalmente incompatibles con los principios, valores y compromisos de protección de Médicos Sin Fronteras. Cuando se producen, constituyen una grave violación de la confianza y pueden tener consecuencias devastadoras para las víctimas, las comunidades y nuestros colegas. 

Como persona de origen sudanés que cuenta con familiares que huyeron de la guerra en Sudán, lo ocurrido en el este de Chad también me afecta personalmente. Las mujeres que ya habían sobrevivido a una violencia atroz en Sudán y buscaban seguridad en Chad tenían todo el derecho a esperar dignidad, respeto y seguridad por parte de MSF. Entre las personas afectadas también hubo compañeras. Esto es inaceptable y nunca debió haber sucedido. 

Nuestras investigaciones revelaron deficiencias importantes en las medidas de protección que teníamos implementadas. A medida que nuestros equipos crecían rápidamente para atender a los cientos de miles de personas que llegaban desde Sudán, no nos aseguramos de manera constante de que todo el personal comprendiera y respetara nuestros compromisos de conducta, ni evaluamos y mitigamos sistemáticamente los riesgos relacionados con la protección. Deberíamos haber hecho más para garantizar que los pacientes, los integrantes de la comunidad y el personal supieran cómo denunciar abusos de forma segura y confidencial. 

También debemos reconocer que el apoyo que brindamos a las personas supervivientes que logramos identificar fue limitado, más allá de la asistencia médica y psicológica. 

Existen barreras considerables que pueden impedir a las personas supervivientes acceder a apoyo, tanto dentro como fuera de MSF, y estas pueden agudizarse aún más en los lugares donde trabajamos. Las personas supervivientes pueden enfrentarse a un estigma importante y a consecuencias negativas por alzar la voz; además, los servicios adecuados centrados en el o la superviviente pueden ser escasos, de difícil acceso o poco conocidos (o no generar confianza).  

En particular, las mujeres pueden afrontar limitaciones prácticas —como las responsabilidades de cuidado— que dificultan la búsqueda o recepción de ayuda. Todo ello hace que la labor de prevención y el esfuerzo activo por detectar casos de abuso antes de que se produzca el daño cobren una importancia aún mayor. 

A pesar de estos desafíos, era necesario redoblar los esfuerzos para interactuar de manera proactiva con las personas supervivientes, comprender sus necesidades y preferencias individuales e identificar formas de asistencia adecuadas, incluido el apoyo que iba más allá de lo que MSF podía ofrecer directamente. 

Los hallazgos nos llevaron a realizar cambios importantes en el este de Chad. Hemos reforzado los procesos de contratación, inducción y capacitación de personal, realizado evaluaciones de riesgos en todos nuestros programas, implementado medidas para mitigar los riesgos identificados y aumentado el apoyo en materia de salvaguardia a nuestros equipos para que puedan identificar y responder a los riesgos con mayor antelación. Asimismo, hemos trabajado con pacientes, grupos de mujeres y líderes de la comunidad para crear conciencia sobre qué constituye el abuso y así garantizar que las personas sepan cómo comunicar sus inquietudes. 

Más allá del este de Chad, durante el último año, hemos fortalecido nuestros procesos globales de detección para evitar que las personas que han cometido abusos o faltas graves de conducta se desplacen entre proyectos de MSF y sean recontratadas en otras partes de la organización. También estamos trabajando para mejorar el paquete de apoyo que podemos brindar a las personas supervivientes. Puedes leer más sobre los acontecimientos en el este de Chad y nuestra respuesta en nuestro explicativo dedicado a la investigación de abusos y el fortalecimiento de la prevención en el este de Chad, al que puedes acceder aquí. 

Lo ocurrido en el este de Chad también refleja desigualdades y desequilibrios de poder más amplios que Médicos Sin Fronteras tenemos la responsabilidad de afrontar. Las mujeres se enfrentan a un mayor riesgo de sufrir abusos, especialmente de índole sexual; el conflicto, el desplazamiento, las privaciones y la dependencia de la ayuda humanitaria pueden generar importantes desequilibrios de poder que, a su vez, agravan el riesgo de sufrir abusos. Estas circunstancias hacen aún más importante garantizar que los mecanismos de protección que tenemos implementados en todos nuestros programas sean lo más sólidos posible. 

No estamos empezando este trabajo desde cero. Años de esfuerzo por parte de equipos de todo MSF han fortalecido nuestra manera de prevenir, detectar y responder ante los abusos. Sin embargo, lo ocurrido en el este de Chad demuestra que aún persisten brechas importantes. Necesitamos avanzar de manera más rápida y sustancial. 

Como médico, reconozco que crear entornos seguros para los pacientes, las comunidades y los colegas es fundamental para nuestra identidad como organización médico- humanitaria y para nuestro compromiso médico y ético de no causar daño. Asumo esa responsabilidad con la mayor seriedad. 

Cada proyecto y oficina de Médicos Sin Fronteras debe ser un lugar donde las personas se sientan seguras, respetadas y protegidas. Un lugar donde no se toleren los abusos, donde siempre se anime y apoye a las personas para que denuncien comportamientos inaceptables y donde las voces y experiencias de los más afectados contribuyan a definir cómo prevenimos y respondemos ante los abusos. Seguir fortaleciendo esta labor urgente exige atención, rendición de cuentas y acción por parte de cada compañero y compañera de MSF, día tras día. 

 

Javid ABDELMONEIM, presidente internacional MSF
Dr. Javid ABDELMONEIM, Presidente Internacional de MSF

 

 

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